jueves, 22 de diciembre de 2011

Grecia y Roma


Sí comparamos la mitología greco-romana a la moderna ficción científica, ¿estaríamos incurriendo en exageraciones? Las armas mágicas, los carros alados o la capacidad de volar de aquellos dioses hablan por si mismos. Hasta Rómulo, este héroe que lanzó las bases de nuestra civilización, no murió, mas se elevó a los cielos en una nube...
La historia oficialmente acepta que la civilización grego-romana posee un enigma básico: ¿cómo es que un pueblo tan inteligente y culto como los griegos y los romanos inventaron leyendas tan infantiles? El gran poder alcanzado por Grecia y por Roma contrastan con la ingenuidad de sus tradiciones y mitos.
El historiador inglés W. Raymond Drake estudió profundamente los registros de la cultura greco-romana y concluyó que allí también los dioses vinieron del espacio en naves de diversos tipos. En la cultura griega, así como en su versión romana, existen las mismas figuras encontradas en otras civilizaciones: el colonizador, el gigante, el casamiento entre “dioses” y terrestres, el conocimiento prohibido entre los hombres, el Paraíso, la Edad de Oro, la energía usada sin control causando terribles tragedias, las luchas entre “seres del cielo”, etc.
“El mito no es imaginación, ni ficción etérea de un pasado hace mucho olvidado, mas sí una tradición oral, recuerdos oscuros de una remota antigüedad, con intensa impresión en la mente popular”, conforme observa Raymond Drake en Dioses y Astronautas en la Grecia y Roma Antiguas. En su libro, Raymond resalta una serie de “coincidencias” entre los mitos griegos y los de otros pueblos, incluyéndolos así en los registros de la Biblia. Veamos:
1) Urano (Cielo) desposó a Gea (Tierra) y fue padre de doce hijos gigantes, los Titas, y también de tres hijos rebeldes, los Cíclopes, que tenían un sólo ojo.
2) Uno de los hijos de Urano y Gea, Cronos (Tiempo), acabó castrando al propio padre. Urano maldijo a su hijo y garantizó que él también sería destronado por sus descendientes. En seguida, Cronos se casó con su hermana Réia, y gobernó el mundo en una Edad de Oro, celebrada por todos los poetas de la Antigüedad. Los hombres vivían como dioses en una bendita satisfacción, libres de trabajos y de dolores, en una dulce inocencia, pues la tristeza y el pecado todavía no habían aflijido sus almas. La humanidad no envejecía y no era sometida por dolencias, los hombres prosperaban en una perfecta salud física y espiritual encima de todos los males, alegres y en fiestas. Cuando, por fin, morían, era como si sus ojos hubiesen sido atrapados por el sueño.
3) Perturbado por la profecía de Urano, Cronos comía todos los hijos que su mujer Réia le daba. Zeus sobrevivió. Durante diez largos años, la guerra se mantuvo entre Cronos, ayudado por los Titas, y Zeus, armado con las armas mágicas de los Cíclopes que él liberara. El conflicto se esparció por toda la Tierra, el mar, el cielo, llevado a efecto con todas las fuerzas cósmicas de los dioses.
4) Zeus venció en la guerra. Él, desde su morada en el Monte Olimpo, odiaba a la humanidad y privó a los hombres del fuego. El héroe Prometeo robó el fuego del cielo. Zeus juró venganza, los Gigantes se rebelaron y apiló montaña sobre montaña para escalar el cielo. Después de una guerra titánica, que convulsionó la Tierra y el Cielo, Zeus venció. Para castigar al hombre, él creó la mujer, Pandora, de cuya famosa caja dejó salir todas las miserias para afligir a la humanidad.
5) Zeus encadenó a Prometeo a un pico, en el majestuoso Cáucaso, donde de día un águila despedazaba su hígado, que era renovado mágicamente a la noche. Más tarde él fue liberado por Hércules, y, perdonado, dedicó su genio a enseñar al hombre las artes de la civilización.
6) Cuando Zeus resolvió destruir la degenerada raza de los hombres, Prometeo aconsejó a su hijo Deucaliao que construyese una barca. En el gran diluvio sólo se salvó él y su mujer, Pirra.
7) Un horrible monstruo celeste, Tifeu, expulsó los dioses aterrorizados del Monte Olimpo para el Egipto, reforzando los más antiguos eslabones entre esos dos países. Por fin, Zeus lo mató con un rayo.

Viajando con una increíble rapidez

En este caso, así como en todos los otros presentados en este trabajo, Drake aconseja: “Si ridiculizamos los mitos griegos, esto se debe al hecho de que estos cuentos se contradijeron con la presente manera convencional de pensar. Los antiguos acreditaban en los dioses. Hoy nuestras mentes son condicionadas por la cultura contemporánea, y no podemos sintonizarla con el clima mental, con el espíritu de las eras pasadas. Si nos transportásemos hacia las murallas de Troya, habríamos de sentirnos tan extraños como Aquiles perdido en el trabajo de Londres”.
¿Y las naves voladoras? Drake levanta otra serie de pistas:
“Los dioses se movían por los cielos con más fuerza y rapidez que los mortales. Poseidón atravesaba una inmensa distancia con apenas tres pasos, como el dios Vishnu de la India. Hera viajaba con la rapidez del pensamiento. Hermes y Atenea descendían planeando sobre sandalias aladas. Atenea a veces era representada volando como un halcón. Poseidón dio a Penélope un carro de guerra alado, que cuando corría por el mar no se mojaba los ejes.
”Y más: Demeter hizo un carro de guerra de dragones alados para Tripolemo y le dio el trigo que él llevó por el cielo y esparció por toda la Tierra habitada. La vengativa Medeia mató los dos hijos que había tenido con Jasao y voló hacia Atenas en un carro empujado por dragones alados.
”En el ‘Fedro’, Platón describre a Zeus, el poderoso líder, asegurando las riendas de un carro alado, atravesando los cielos con sus dioses. Homero, en el Libro 5 de la Ilíada, da una maravillosa descripción de Minerva en su carro resplandeciente, arrastrado por los caminos etéreos, cortando el cielo líquido a gran velocidad sobre Grecia, para aterrizar cerca de Troya.”
Alrededor de 1970, el dibujante Georges Pichard y Jacques Lob crearon una versión libre en cuadritos de la famosa Odisea, de Homero. En la que, el propio Homero surge como una especie de reportero ciego, cargando un grabador donde registra las aventuras de Ulises. En esta Odisea modernizada, los dioses son cosmonautas a bordo de una nave madre estacionada en la cima cubierta del Monte Olimpo. Ellos observan, deciden, a través de monitores a bordo, los movimientos de los terrestres en la superficie, y deciden como intervenir en sus vidas. Y, a través de unidades de transportes propias, ellos descienden a la Tierra e interfieren directamente en los acontecimientos.
Nada más natural. La propia Ilíada de Hornero muestra la interferencia directa de los dioses en la batalla de Troya. En la Odisea, el héroe Ulises, intentando volver a la casa, encuentra entre otras figuras extrañas, el gigante Polifemo, de apenas un ojo (Lob y Pichard retrataron a Polifemo como un robot). En la isla de Ciclopes, Ulises recibió la ayuda “de los vientos” para navegar por el Egeo. En la isla del Sol, el héroe y sus ayudantes robaron algunos bueyes de la creación de Zeus, y éste los alcanzó con un rayo.
Es difícil aceptar esa idea, pero ¿acaso no podría ser la moderna ficción científica una continuación de esta tradición oral, mucho más próxima de la real Antigüedad?
Existe una corriente de historiadores que considera al propio Cronos, padre de Zeus derrotado por el hijo en guerra, el primer fundador de Roma. No todos concordaban con eso. De cualquier forma, Rómulo, uno de los tradicionales fundadores del futuro Imperio, parece ser otro hijo de los “dioses”.
Según Drake, “alrededor del año 775 a.C., un astronauta personificado como Marte puede haber descendido para fecundar a Rhea Silvia, la más noble de las doncellas de Alba Longa, generando al héroe Rómulo, destinado a crear el grande e histórico pueblo romano, que modeló nuestra civilización”. Las leyendas aún cuentan que Rómulo no murió, mas subió a los cielos en una nube.

Crónicas

Pero la presencia de OVNIs en la Roma Antigua está más presente en las crónicas históricas que en las leyendas. Algunos ejemplos:
“Además de esos eventos en el cielo inferior, entró a los registros que en el consulado de Manio Acílio y Cayo Pórcio (114 a.C.), llovió leche y sangre, y que frecuentemente, en otras ocasiones, habría llovido carne, por ejemplo, en el consulado de Públio Volúnio y Séervio Suplício (461 a.C.), y que ninguna carne no tocada por los pájaros predadores se pudrió. Igualmente que, un año antes de Marco Crasso (53 a.C.) fue muerto por los Partos en la batalla de Carre, (...) llovió hierro en el distrito de Lucania...” (Plínio, en Historia Natural, Libro 2).
“Y ahora con siete naves corintias, dos de Corcyra y una décima que los leucadianos proporcionaron, él (Timoleao) partió. Y, a la noche, después que él entró en alta-mar y disfrutaba de un viento favorable, el cielo pareció abrirse de repente con una explosión por sobre el navío y lanzar un fuego abundante y notable. De allí se elevó una antorcha, como las que los místicos cargaban, que salió corriendo con ellos, acompañándolos en su curso, y cayó precisamente para la parte de Italia para la cual se dirigían los pilotos.” (Plutarco, 344 a.C.)
“Allí, en la calma de la noche, se dice que ambos cónsules fueron visitados por la misma aparición, un hombre de estatura mayor y más majestuosa que la humana, que declaró que el comandante de un lado y el ejército del otro debían sacrificar las Almas a la Madre Tierra.” (Livio, 340 a.C.)
“Navíos fantasmas fueron vistos brillando en el cielo... En el distrito de Amiterno surgieron, en muchos lugares, visiones de hombres en trajes brillantes, a distancia, sin que se aproximasen a nadie.” (Livio, 218 a.C.)
“El disco del sol parecía haberse contraído. Piedras brillantes habían caído del cielo, en Preneste. En Arpi habían escudos del cielo y el cielo parecía que estaba luchando con la luna, y en Caperne dos lunas se habían levantado de día...” (Livio, 217 a.C.)
“En Hádria fue visto, en el cielo, un altar, y en torno de él bultos de hombres vestidos de blanco...” (Livio 214 a.C.)
“De Ameria y de Tuda, ciudades de Italia, fue informado que a la noche allí fueron vistos en los cielos lanzas y escudos flamantes que primero se movieron en direcciones diferentes, y después se entrelazaron asumiendo las formaciones y los movimientos de los hombres en batalla, y que por fin algunos de ellos huyeron, en tanto los otros se lanzaban en su persecusión, habiendo todos desaparecido por el oeste.” (Plutarco, en ‘Cayo Mario’, refiriéndose al año 103 a.C.)
Relatos semejantes no faltan. Cuerpos celestes y luminosos surgían del cielo para interrumpir batallas o ayudar a uno de los lados. Y, conforme a que el tiempo pasa, los “dioses” parecen influir cada vez menos directamente sobre los destinos del Imperio Romano para manifestarse cada vez más a través de vehículos fantásticos que cruzan el cielo.

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