jueves, 19 de enero de 2012

Moises y la cultura de Egipto

Es indiscutible que uno de los personajes más importantes del Antiguo Testamento es Moisés, el escritor del Pentateuco, o los cinco libros de la ley: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. No solamente es el autor que escribió, proporcionalmente hablando, más de la Biblia que ningún otro, sino que también protagonizó varios de los sucesos de más realce en la historia de la incipiente nación de Israel.

Su nacimiento y posterior educación en la cultura egipcia deberían haber matizado totalmente su manera de escribir y su punto de vista global, pues fue el medio en el que se desenvolvió gran parte de su vida. Sin embargo, es notable que Egipto no influyó en la redacción de el Pentateuco. Esta es una prueba más del carácter totalmente inspirado por el Espíritu de Dios de las Escrituras, pues a pesar de que Moisés estaba sumergido en la cultura y pensamiento egipcios, los libros que él escribió no se vieron infiltrados por las ideas paganas de su país natal. Al contrario, el Pentateuco expresa claramente una condenación a la idolatría, y no da apoyo alguno a las ideas religiosas, filosóficas ni cosmogónicas egipcias que prevalecían en la época de Moisés. ¡Una demostración más del carácter sobrenatural de la Biblia!

Por esto, es interesante estudiar la vida de Moisés desde el punto de vista de su educación como egipcio, a la par de las ideologías egipcias de la época de los faraones, junto con un poco de historia egipcia que nos permita ubicar precisamente el tiempo en el que los hebreos estuvieron viviendo en ese país.

ANTECEDENTES

Toda la Biblia se podría resumir en breves frases:
1. Dios creó al hombre para que disfrutara de la tierra y para que la habitara como un rey en su reino, sin el estorbo de ningún otro poder que disminuyera la calidad de vida que Dios le había dado.
2. El domino del hombre sobre la tierra—que Dios le dio y ordenó—se perdió por la desobediencia. El control del planeta fue transferido a manos de Satanás, cuya meta es privar al hombre del propósito de Dios para él y destruir toda esperanza de que se recupere, a la vez que causarle el mayor dolor posible a Dios al ver a su criatura especial separada irremediablemente de El por el pecado.
3. Dios tiene un plan doble de restauración, en el cual el hombre será redimido y el reino usurpado por Satanás será recuperado.
4. Dios fundó al pueblo de Israel para enseñarle al hombre su deseo de que recupere su dominio.
5. Debido a que Israel fracasó en su cometido, fue necesario que viniera el mundo Dios mismo encarnado en un hombre que pudiera vencer al adversario de una vez por todas. Esta parte de la historia es el Nuevo Testamento.

Dios escogió a Abraham para que fuera padre de la nación elegida para destacar entre las naciones y sirviera para traerlas al conocimiento de Dios.
Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, tuvo doce hijos. Uno de ellos, José, su favorito y más amado, fue vendido como esclavo por sus hermanos a mercaderes que lo llevaron a Egipto. Allí, después de varias vicisitudes, José llegó al puesto de segundo bajo el faraón. Esta posición en la jerarquía egipcia le valió para que pudiera salvar a su nación adoptiva del hambre, al igual que a su familia, que recurrió a Egipto para aprovisionarse de alimento.

Se dio una reconciliación entre José y sus hermanos por gracia y plan anticipado de Dios, y por ello, tanto Jacob como sus hijos fueron invitados por José a vivir en el país regado por el Nilo.
ISRAEL EN EGIPTO
Al salir de Beerseba hacia Egipto, Jacob ofreció sacrificio a Jehová—tal vez el último que ofrecería, y en esa oportunidad, Dios le habló y le dijo: “Jacob, Jacob. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación. Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré volver; y la mano de José cerrará tus ojos” (Gn 46:2-4).

Cuando llegaron a Egipto, fueron bien recibidos. José, sabiamente, concedió a su familia el área del delta, tierra llamada Gosén. Faraón estuvo de acuerdo con esta decisión, pues era buena idea mantener aparte a los israelitas de los egipcios, que no toleraban mezclarse con pastores de ovejas, que era la ocupación de los hebreos.

Cuando Jacob murió, con gran pompa salieron los israelitas acompañados de representantes de Egipto en cortejo fúnebre con el beneplácito de Faraón, hacia la tierra de Canaán, para enterrarlo en el mausoleo familiar de la cueva de Macpela, como Jacob había deseado.

Mientras José vivió, los hebreos gozaron de libertad y gracia, y se multiplicaron grandemente en la tierra de Egipto. Antes de morir, José les hizo jurar que sacarían de Egipto sus huesos, es decir, su cuerpo embalsamado, a enterrar en su heredad en la tierra de sus padres, y ellos así juraron, sabiendo que Dios había convenido que volverían a la tierra prometida a Abraham. Y siguieron pastoreando sus rebaños en Gosén.
Sin embargo, con el transcurso de los años, las dinastías egipcias cambiaron, y aquellos que habían conocido a José y lo habían tenido en alta estima murieron. Poco tiempo después del periodo de José, hubo en Egipto un tiempo de anarquía (dinastías XIII y XIV) que dio lugar a la invasión de los hicsos.

Durante la ocupación de Egipto por los hicsos (dinastías XV y XVI) los hebreos siguieron viviendo pacíficamente. Después de todo, eran semitas al igual que ellos, y pastores de ovejas también. Mas cuando los egipcios pudieron poner fin al gobierno hicso—que había durado unos 200 años—se dedicaron a destruir todo aquello que llevara algún rastro de la ocupación extranjera. De esta forma, llegó el momento en que los hebreos, que ahora eran numerosos, fueron vistos con recelo por los egipcios.

Por tanto, Faraón determinó tomar pasos para mermar su número, y debilitarlos. Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor (Ex 1:13). Pero esta táctica no funcionó, y sucedió todo lo contrario: Israel más se multiplicaba, y se fortalecía.

Faraón entonces recurrió a las parteras hebreas, ordenándoles que mataran a todo hijo varón y conservaran la vida de las niñas. Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños (Ex 1:17). Y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera (v. 20b).
Los bebés varones hebreos entonces fueron puestos a muerte, arrojados al río.
La historia de Moisés, primera parte
Pero hubo uno que se salvó: Moisés. Su madre lo tuvo escondido en casa durante tres meses, y entonces lo colocó en una cesta en el río, entre los juncos, con el propósito de que se salvara.

La hermana de Moisés se quedó para vigilar. La princesa egipcia, que se cree era una esposa sin hijos, vino a bañarse en el río sagrado. Vio la canasta y ordenó que se la acercaran. Fue conmovida por el pequeño, y decidió quedarse con él y criarlo como su propio hijo. La hermana estuvo a la mano para sugerir una nodriza hebrea: la propia madre del bebé.

Esta fue la primera parte del entrenamiento de Moisés—un entrenamiento en casa en la religión verdadera, en la fe en Dios, en las promesas a Su pueblo, en la vida de un santo,—un entrenamiento que jamás olvidó, aun entre los esplendores y el pecado revestido de oro de la corte de Faraón. El niño fue adoptado por la princesa, y desde ese momento en adelante, criado en la casa real, por muchos años se le puede considerar como un verdadero egipcio.

Como príncipe egipcio obtuvo una educación acorde a su rango; y fue enseñado en toda la sabiduría de los egipcios (Hch 7:22), la cual en ese entonces era extensa en civilización y entendimiento, adelantada a cualquier otro pueblo del mundo, rica en lo académico. Esta fue la segunda parte del entrenamiento de Moisés, preparándolo para un alto oficio, y para el liderazgo<1>. “Era poderoso en palabras y obras”, dice Hch 7:22.

LA CULTURA Y RELIGION EGIPCIAS
Egipto es una tierra que sobrevive gracias al Nilo. De hecho el Nilo es la vida de Egipto. El país dependía de la Inundación anual – el levantamiento del Nilo, debido a las intensas lluvias a miles de kilómetros en Abisinia, que inundaban tanto el valle como la mayor parte del delta de junio a octubre cada año, dejando un grueso depósito de lodo y sedimento en el cual las cosechas crecían con sorprendente fertilidad – todo tipo de grano y verduras, y frutas tales como uvas, melones y dátiles. Los antiguos historiadores le llamaban “la canasta de pan” del Medio Oriente.
Si la Inundación era demasiado pobre, Egipto encaraba una hambruna, y muchos morían a causa de ella cuando los ‘años flacos’ se seguían unos a otros y los faraones no contaban con un José que previsoramente almacenara alimento en los años buenos.

Con la muerte siempre tan cercana, los antiguos egipcios desarrollaron una obsesión por ella, sin que ello deformara su existencia. La vida cotidiana estaba regida por los mandatos del más allá; todo, tanto nociones científicas como textos literarios, majestuosos edificios e imponentes monumentos, enfatizaban la excelsa eternidad de los dioses frente a la fragilidad humana.

• DIOSES
Ra, después conocido como Amón-Ra, el dios-sol, era la primera y más importante de las deidades egipcias – y el río Nilo mismo era la segunda, a veces adorado como Khnemu, pero más a menudo como parte del principio entero de la vida y reproducción que vino a ser encerrado en la persona de la diosa Isis.

Osiris, dios del mundo de los muertos, era el hermano y esposo de Isis y era el mayor dios de todos – porque todos los muertos regresarían a la tierra cuando él, el primer faraón humano de Egipto, regresara para ser el eterno Faraón. De igual manera se creía que cada faraón era un dios en la tierra que se convertiría en un dios en el mundo de ultratumba—el Duat de doce regiones donde reinaba Osiris.

Conocemos muchos trozos de las historias y mitos egipcios gracias a que se preservaron en los templos mortuorios y pirámides, y en las tumbas de reyes y reinas, los cuales fueron construidos de la piedra más duradera para asegurar que permanecieran por la eternidad. Inclusive, en algunas tumbas demasiado pobres para tener inscripciones o grabados en piedra, las historias e instrucciones del Libro de los muertos se han hallado en rollos de papiro conformando la “Guía hacia la tierra de los muertos”, de vital importancia, pues les instruía acerca de cómo superar el juicio de Osiris.

• CONCEPTO MONOTEISTA
El concepto del origen del mundo de acuerdo a los egipcios era completamente diferente del registrado en Génesis, y la idea de un solo dios se dio en Egipto unos doscientos años después de que Moisés estuvo allí y no tuvo auge. En la Revolución de Amarna (1375 a.C.), Amenhotep IV intentó cambiar la religión politeísta y a Amon-Ra por la adoración de Atón: “el único dios junto al cual no hay otro”. Insistía en que Atón era un dios de bondad, misericordia y clemencia (radicalmente diferente de los dioses egipcios tradicionales… ¿A quién se parecía más bien? Y, ¿sería esto coincidencia?). Deseaba que todos los egipcios adoraran al mismo dios, y ordenó que los nombres e imágenes de Amon-Ra y los otros dioses fueran destruidos. Inclusive cambió su propio nombre a Akhenatón, mas estos cambios disgustaron a aquellos que preferían la manera antigua de hacer las cosas, su poder como gobernante se debilitó, y su sucesor, Tutankhamón (de fama mundial por el hallazgo en 1922 de su tumba sin saquear), regresó a la nación a la adoración de todo el panteón egipcio, politeísmo del cual no se apartarían hasta la caída de Egipto en manos de Alejandro Magno en el año 332 a.C., cuando se incorporaron aspectos helenísticos a la cultura. Y aún así, el espíritu pagano permaneció y sigue hasta le fecha en Egipto.

La historia de la creación de Génesis atribuye todo al Creador. La historia egipcia del origen del mundo lo presenta como surgido de un caos oceánico primigenio –reflejo de la influencia del Nilo en sus vidas– que amenazaba volver a devorarlo, y la voluntad de los dioses era la única garantía de equilibrio<2>. Proliferaban todo tipo de divinidades antropomórficas y zoomórficas, a quienes los egipcios consideraban diversas manifestaciones o aspectos de la deidad primordial. Predominaba una u otra dependiendo del clima político que se vivía—los dioses regionales se fueron convirtiendo en dioses nacionales.

• EL ORIGEN DEL COSMOS SEGUN EGIPTO
Según el relato egipcio, recopilado de varios fragmentos esparcidos en diferentes tumbas de distintos periodos, de Nun, el espíritu de las aguas, surgió Ra el Ser Brillante, quien entonces hizo a Thoth, el dios de la sabiduría y la magia. Ra también hizo todo el mundo, dando origen al dios Shu, el viento; Geb, la tierra; Nut, la diosa del cielo, que extendía su manto para hacer caer la noche; Hapi, el sagrado Río Nilo… y fue haciendo todas las demás cosas que existen a partir de un monte primordial. Entonces él mismo se hizo humano para ser el primer faraón, y reinó durante miles de años sobre Egipto. Sin embargo, se hizo viejo, porque estaba decretado que ningún hombre podía vivir para siempre. Ya no podía gobernar bien su tierra, por lo que Apophis, el dios del mal, se aprovechó y entró en las almas de los hombres, provocando que se rebelaran en contra de Ra. Por consiguiente, Ra tuvo que castigar a los egipcios con el ataque de la diosa Sekhmet, la leona asesina, que mató a todos los hombres malvados… pero cuyo apetito sanguinario no era posible saciar. Ra mismo no la podía detener y se vio forzado a tenderle una trampa. Embriagándola, consiguió que en un día y una noche enteros no matara a nadie, por lo cual la pudo convertir en Hathor la Dama del amor, cuyo poder sobre la humanidad era mayor que antes, dándosele así al hombre una nueva delicia y un nuevo tormento. Las siete hijas de Hathor, las Hathores, son las que tejen la red que da forma a la vida de cada ser humano.
• CONTINUA LA SAGA
Pero Thoth pronunció una profecía que disgustó a Ra: si Nut (la diosa del cielo) tenía un hijo, éste sería el faraón de Egipto. A través de artimañas, Nut consiguió dar a luz cinco hijos: Osiris, el señor de todo y rey; Harmaquis, Set, Isis, y Neftis.

Osiris se casó con Isis, y Set se casó con Neftis. Pero ni Osiris ni Isis gobernaban todavía sobre Egipto, así que nuevamente usando engaños, Isis aprendió toda la magia existente y la usó en contra de Ra para poder destronarlo. El dejó de ser faraón en la tierra y tomó su lugar en el cielo, donde día a día, cruzaba del este al oeste bajo la apariencia del Sol, y por la noche pasaba por debajo de la tierra a través de las doce regiones llamadas Duat por las cuales los espíritus de los muertos también tenían que pasar para ganarse el reino eterno de Ra.

A partir de este momento, se suscitaron entre los dioses una serie de traiciones, peleas y estratagemas, que incorporando artilugios y magia, dieron lugar a la sucesión reinante de Egipto: Osiris y luego su hijo Horus (el Vengador). Después de este último Egipto fue gobernado por hombres, que se creía eran hijos de los dioses en espíritu y eran adorados como tales y se suponía estaban dotados de poderes divinos– aunque cometieran errores como ordinarios mortales<3>. Por tanto, cada faraón se consideraba a sí mismo un dios, y era adorado como tal por el pueblo.

En la época en que Moisés fue criado en Egipto, prevalecía la idea de que la tierra estaba apoyada en cinco columnas, y se había incubado en un gran huevo cósmico que tenía alas y volaba. Los hechos científicos aceptados en Egipto en esos tiempos sugerían que mientras volaba aquel enorme huevo, dentro de su cáscara se terminó el proceso de mitosis, y así surgió este mundo<4>. Las historias de los dioses eran religiosas, y no necesariamente eran tomadas como verdades científicas, por lo que los sabios egipcios ofrecían otro tipo de explicaciones. Al parecer, la historias religiosas eran unas y las explicaciones científicas eran otras, pero en el ambiente cargado de misticismo del Antiguo Egipto, ambas podían convivir sin conflicto.
LA HISTORIA DE MOISES, SEGUNDA PARTE
Sin que su pueblo lo supiera, Dios había estado preparando callada, lenta y fielmente un mensajero renuente llamado Moisés, que los llevaría a la libertad.

Moisés, como príncipe egipcio, se vio favorecido con todo tipo de instrucción, y según la tradición, fue un notable oficial del ejército egipcio.
Años más tarde, él se identificó con su pueblo, y trató de libertarlos a su modo, pero fracasó en el empeño, pues no era el momento de liberación estipulado por Dios. Tuvo que huir de Egipto a Madián. La tercera parte de su entrenamiento la obtuvo como pastor en el desierto, aprendiendo paciencia, apacentando rebaños que no diferían mucho de los hebreos que guiaría en el Éxodo Habrían de pasar cuarenta años antes de que Dios determinara que Moisés estaba listo para volver por su pueblo a Egipto.

A su regreso, Moisés se entrevistó con Faraón, pero no tuvo éxito en conseguir que el pueblo israelita fuera liberado. Por su obstinación, Faraón y Egipto tuvieron que soportar 10 plagas enviadas por Dios para demostrar Su poder y la determinación que tenía de liberar a Su pueblo. Egipto pagó por su resistencia a la voluntad de Dios, pero esto sirvió como un testimonio poderoso del Dios de Israel.

La décima plaga, que en realidad fue más bien un severo juicio sobre Egipto entero, fue la muerte de los primogénitos, y en esa ocasión, Faraón determinó que los hebreos salieran de su reino.

Más tarde, en el cruce del Mar Rojo, Faraón tendría que enfrentarse de nuevo con la furia de Dios, y vería la protección de la poderosa mano de Dios sobre Israel. El ejército de Faraón fue diezmado, el mar quedó como barrera infranqueable entre él e Israel y todo nexo que Moisés había tenido con Egipto se rompió definitivamente.

La parte egipcia de Moisés quedó atrás para siempre.
EL EXODO EN EL TIEMPO
Lo más probable es que el faraón de la opresión haya sido Tutmosis (Totmes) III. La princesa que adoptó a Moisés pudo muy bien haber sido la famosa reina Hatshepsut. Si así fuera, Moisés no solamente fue un príncipe en Egipto, sino que también fue un posible sucesor al trono del más orgulloso gobernante del mundo.

Los datos acerca del reino de Hatshepsut encajan muy bien con el relato bíblico. Fue hija de Tutmosis I, y regente de Tutmosis II, su esposo y medio hermano, y de Tutmosis III (su medio hermano también). Este último era todavía menor de edad cuando subió al trono, y fue ella quien en realidad gobernó Egipto durante los primeros 20 años del reinado de él.

El la despreciaba, pero ella lo dominó totalmente. Después de la muerte de Hatshepsut, Tutmosis III gobernó Egipto por 30 años. Se deshizo de todos los monumentos y estatuas de Hatshepsut al liberarse de la presencia de ella. Fue el mayor conquistador de la historia de Egipto, y se enfrascó en magnos proyectos de construcción. Esto pudo ser un factor determinante en el aumento de la opresión sobre Israel. Saqueó Palestina y Siria 17 veces, registró sus logros en numerosos monumentos y paredes, subyugó a Etiopía y gobernó hasta el Eufrates. Su tumba real se encuentra en Tebas.

La opresión de Israel entonces se dio durante la XVIII dinastía egipcia, conocida como la Tebana. El éxodo ocurrió durante el reinado de Amenhotep (Amenofis) II, que mantuvo el imperio fundado por Tutmosis III.
Hay inscripciones que indican que Tutmosis IV, sucesor de Amenhotep II, no era su primogénito ni heredero en sucesión. Esto es muy probable que se haya debido a la muerte de los primogénitos.

Las momias tanto de Tutmosis III como de Amenhotep II se encontraron hace varias décadas, y están en exhibición en el Museo del Cairo. ¿Silenciosos testigos de la salida de Israel de Egipto?
CONCLUSION
Lo interesante de esto es que en los escritos de Moisés no encontramos influencia alguna de su adoctrinamiento como egipcio, y vaya que los egipcios tenían una explicación para todo, predominantemente sobrenatural y regida por sus innumerables dioses mayores y menores, locales y nacionales.

Si Moisés hubiera escrito de su propia inspiración, si hubiera inventado todo, hubiera incorporado versiones más o menos cercanas a lo que se le había enseñado en Egipto. Pero en sus escritos encontramos una revelación única de moralidad, principios y verdad impresionantes, la cual solamente pudo provenir de Quien es el Autor de todo.

La Biblia demuestra, vez tras vez, su verdadera paternidad literaria y que es portadora fiel y sin adulteraciones de la Revelación de Dios para el hombre.

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