viernes, 20 de abril de 2012

El Faraon y el concepto del poder

Lo primero que hay que entender a cerca del faraón es que no es un dios, pero tampoco tiene las características de un ser humano. El concepto de poder real se concibe en el plano de lo divino e implica dos generaciones: la de Horus que gobierna Egipto y la de Osiris de quien Horus es heredero.
El rey encarna en la tierra el concepto divino de poder. Encarna la fuerza que mantiene el universo en orden, la fuerza divina en un cuerpo mortal. El orden social que estableció el primer faraón que gobernó en el país unificado, el faraón Meres, es parte inmutable del orden cósmico que se da a través de Maat.
Maat es el principio que limita el poder del rey a pesar de que éste no tenga límite. Si un faraón falta a Maat, puede sufrir la damnato memoriae ya que traiciona a la justicia y a la verdad, al orden que representa Maat. Por ello se pierde la pista a determinados faraones. EL egipcio no es cínico, sino que borra de la memoria la existencia de un ser malo que se puede enfrentar a Maat.

En el mundo egipcio el faraón puede cargar con todo el peso por ser un ser divino. La palabra egipcia para faraón es NTJR (“el dios”) o NTJeR NeR (“el buen dios”), como la encarnación terrena del dios Horus. Horus era un dios que aparecía ya en el periodo predinástico y que recibía culto en todo Egipto a través de acepciones locales y regionales.
Como podemos ver en la estatua sedente de Kefren como símbolo de la unión de las Dos Tierras, el faraón transmite la sensación de poder en estado puro, más allá de su cuerpo humano. En la cabeza le acompaña un halcón que extiende sus alas con una gran pureza de líneas, se trata de la representación de Horus, como un protector del poder real. En esta escultura nos encontramos la unión de la forma animal y humana del dios Horus.

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