viernes, 20 de julio de 2012

El cabello en el Antiguo Egipcio


Ya en el año 450 a. C. Herodoto, comentaba que los sacerdotes egipcios se afeitaban todo el cuerpo cada dos días para evitar la presencia de piojos y demás parásitos mientras cumplían sus obligaciones religiosas. No obstante, el deseo de deshacerse de estos insectos, iba mucho más allá de lo meramente religioso o estético, ya que los piojos aparte de la consabida molestia, también podían ser portadores de enfermedades, como por ejemplo el tifus.
Así que además de afeitarse el pelo del cuerpo, los antiguos egipcios inventaron una variedad de pociones para prevenir "eso que se mueve por la cabeza"]. Una de esas fórmulas recomienda: "fruto de ricino, sebo de buey y aceite de ben: mézclese en forma de pasta y aplíquese cada día".
No parece ser muy efectivo, ya que los vestigios de piojos y sus huevos, pueden hallarse con facilidad en las púas de sus peines, que por cierto, son muy parecidos a los actualmente usados para la eliminación de estos parásitos.






Sin la menor duda, el pelo era muy importante para ellos, unos llevaban extensiones, otros afeitaban sus cabezas y utilizaban pelucas... en un clima tan tórrido la cabeza afeitada o el pelo muy corto hubieran sido las soluciones más prácticas, aunque también hubiera sido necesario algún tipo de cobertura para resguardarse del sol. Así que la peluca fue la solución más sencilla que un pañuelo o turbante, ya que su estructura reticular permitía la transpiración. Lógicamente, las pelucas evolucionaron, indicando riqueza, condición social o filiaciones religiosas de su portador.
Las pelucas más sencillas, acostumbraban a estar hechas de fibra vegetal, las de clase media contenían además cabello humano, únicamente los ricos, podían permitirse las elaboradas únicamente con cabello humano.


Otra de las ventajas de la peluca en referencia a los parásitos, era que las pelucas se quitaban regularmente, y así los piojos se mantenían lejos de su fuente de alimentación.
Los bichitos no eran muy respetuosos con las clases sociales, ya que prefieren un hábitat limpio y aseado a una cabeza sucia, puesto que la mugre dificulta su alimentación, así que ni faraones ni princesas se veían libres de esta molesta plaga, de hecho se han encontrado en varias de ellas y en un par de faraones.

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