lunes, 15 de octubre de 2012

El nacimiento del Egipto faraónico


Hace más de cinco mil años, los soberanos del valle del Nilo emprendieron la violenta conquista de los reinos del Delta. Quien completó este proceso fue Narmer o Menes, considerado el primer faraón de Egipto.

Hace cinco mil años, los gobernantes del Alto Egipto pusieron sus miras en los reinos del delta del Nilo y emprendieron su conquista, que concluyó Narmer, considerado el primer faraón egipcio. En el siglo III a.C., el sacerdote egipcio Manetón escribió en griego una historia de Egipto para el rey Ptolomeo II Filadelfo. Por desgracia, de esta obra, conocida como Aegyptiaca, sólo se conservan algunos pasajes que se reducen a la enumeración de treinta dinastías con el nombre de los soberanos que las formaron, y con la mención de algún suceso importante de su reinado. Según Manetón, la historia dinástica empezaba con Menes, considerado el primer faraón de Egipto y fundador de la dinastía I. Antes de Menes, también llamado Narmer, el país del Nilo había sido gobernado por dioses y semidioses. Sin embargo, hoy sabemos, gracias a la arqueología, que mucho antes del reinado de Narmer hubo un largo proceso de unificación de todo el territorio egipcio, encabezado por monarcas originarios del Alto Egipto -el sur del país- que formaron la llamada «dinastía 0». Estos soberanos reinaron durante el período Predinástico Tardío o Protodinástico, que se extiende entre 3300 y 3100 a.C., y que corresponde a la etapa final de la cultura que los egiptólogos conocen como Nagada III. Hoy en día, Nagada (Nubt en la antigua lengua egipcia, y Ombos en griego) no es más que una aldea, pero allí se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos clave para establecer los orígenes de estos monarcas de la dinastía 0 que se lanzaron a la conquista del norte del país. Antes del Predinástico Tardío, las distintas comunidades «urbanas» del Alto Egipto se habían agrupado cerca del Nilo, donde se encontraba la tierra cultivada. En esta época, entre 3500 y 3300 a.C. (correspondiente a la cultura de Nagada II o Gerzense), había en el Alto Egipto tres núcleos de población que destacaban por encima de todos los demás: los llamados protorreinos de Hieracómpolis (Nekhen, en egipcio), Nagada y Tinis-Abydos. Los conflictos desatados entre estos tres núcleos terminaron con el triunfo de Hieracómpolis, que unificó el Alto Egipto bajo su dominio e impuso un gobierno fuertemente centralizado. Los victoriosos gobernantes de Hieracómpolis se establecieron en la vecina localidad de Tinis-Abydos, muy probablemente en vistas a una futura expansión hacia el norte. Mientras el Alto Egipto se unificaba militarmente los asentamientos del Bajo Egipto, en la zona del Delta, nunca llegaron a constituir un reino unitario. Poco a poco, estas culturas del norte abandonaron sus tradiciones y su cultura material en favor de las del Alto Egipto. Ahora todo el país estaba unificado culturalmente, pero no políticamente. La unificación política, que culminó con la formación del Estado faraónico, arrancó del sur durante la última fase del período Predinástico. Esta expansión del Alto Egipto hacia el norte debió de ser lenta y compleja, y se llevó a cabo bajo diversos reyes de la dinastía 0. La transformación de Egipto en un Estado territorial fue el fruto de las sucesivas conquistas que los reyes del Alto Egipto llevaron a cabo durante varias generaciones. Las excavaciones arqueológicas realizadas en Tinis-Abydos han permitido recuperar la memoria de los unificadores de Egipto, los soberanos de la dinastía 0. Entre la gran cantidad y variedad de piezas de ajuar funerario encontradas en la tumba U-j de Abydos, quizá las más importantes para los investigadores sean 150 pequeñas tablillas de hueso o marfil grabadas con los primeros signos jeroglíficos documentados en la historia de Egipto. Estos signos aparecieron también inscritos en tinta negra sobre vasos de cerámica y constituyen la prueba más antigua conocida de escritura en tierras del Nilo; incluso puede que se trate de la escritura más antigua de la historia.

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