sábado, 23 de febrero de 2013

TUTANKAMON


Rey de los egipcios, importante faraón del medio oriente. Joven príncipe heredero de una gran fortuna.
Destacado personaje que cambiara mitos y creencias. Príncipe y rey egipcio que llevara el nombre de
Tutankamen.



  
Acerca de los príncipes egipcios

Allá, hace muchos años, cual si fuera cuento de niños, existió una vez un rey que a muy corta edad supo llevar a cabo grandes hazañas. Estas hazañas, que no tuvieron que ver para nada con la guerra, eran proezas o cambios de tipo religioso; pues alguien que intenta cambiar la creencia en un dios por otro diferente y único, es digno de llamar la atención.

Uno de los faraones más nombrados por la historia (a pesar de su muy corta edad) fue Tutankamen (llamado por otrosTutankhamón). Un hombre que pese a sus escasos años destacó grandemente por haber hecho de su mandato el medio para que el pueblo egipcio adoptara el monoteísmo al dios Amón.

Tutankhamón fue un gran personaje. Aquel que realizó un gran esfuerzo por unificar la religión. Un joven, cuyas intenciones, cambios y obras de las que fue impulsor le valieron un lugar privilegiado en la historia más antigua de la humanidad como ha sido la cultura egipcia.


Origen del faraón

Tutankhamón fue hijo de Amenofis III y la reina Tiyi, faraones de la XVIII dinastía, pero la fecha exacta de su nacimiento es incierta, por lo que los datos que se dan son solamente aproximados. Se cree que la fecha haya sido entre el 1350 y el 1360 antes de Cristo.

Sus padres tuvieron varios hijos, siendo de ellos el más destacado Amenofis IV, quien gobernó conjuntamente con su padre. Luego, otro de los hijos fue Thutmés, muerto sin haber subido al trono al cual tenía derecho por ser el segundo heredero.

En la familia también estaba Smenjara, quien también actuó y fungió como gobernante; la princesa Satamón, que aparte de hija, fue también esposa de Amenofis III. Por último, estaba Tutankhatón, nuestro personaje. Aquel que en principio llevara ese nombre.


La época egipcia

Dos milenios antes de nuestra era, Egipto representaba una de las culturas más brillantes. Su historia, como sabemos, es una de las más antiguas e interesantes de la humanidad. Su capital era Memphis, y en la arquitectura, tanto en estatuas como esculturas, dominaba la piedra.

Los ritos funerarios abarcaban desde la inhumación del faraón en pirámides escalonadas, hasta tumbas excavadas en la roca. A partir del año 2000 antes de Cristo, la literatura y la lengua alcanzaron un enorme desarrollo. Se reprimió a la nobleza feudal; y, el culto a Osiris se extendió por todo el país.

Trescientos años más tarde, Egipto fue invadido (desde aquel tiempo había conflictos) por los ejércitos extranjeros llamados «hicos», que se instalaron en el delta del río Nilo y fundaron una nueva capital, Avaris. Sin embargo, dos siglos más tarde fueron expulsados y perseguidos hasta Siria (siguiendo el conflicto...).


El origen de su historia

El origen de Tutankamen (o Tutankhamón) fue este. Nacido en una tierra de grandes vicisitudes y conflictos. Un lugar donde los malos parecen buenos y los buenos parecen malos. Un lugar de príncipes y faraones quienes pertenecían a varias dinastías y manejaban los destinos de aquella nación a la que se le recuerda desde Meneses, allá por el año 3100 antes de Cristo.

Así pues, con este historial, donde se cuentan 31 dinastías, el hilo familiar de Tutankhamón fue bordándose. En las primeras seis dinastías se crearon los elementos de la gestión pública, consolidando su autoridad en virtud de su carácter divino (muy semejante a lo que sucede en algunos países, sobre todo en el medio oriente).


La continuación de esta historia

Durante cinco siglos, los faraones consiguieron expandir su política a nivel de otros pueblos. Situados en el año 1361 antes de nuestra era, Egipto era gobernado conjuntamente por los faraones Amenofis III y su hijo Amenofis IV, mejor conocido como el rey hereje, ambos pertenecientes a la dinastía XVIII.

Fallecido Amenofis III, el hijo hereje mostró muy poco interés por los problemas del imperio y descuidó la política exterior. Casado este faraón con Nefertiti, tuvo seis hijas, y su único propósito fue cambiar la doctrina religiosa, queriendo substituir el politeísmo que imperaba, en especial el culto al dios Amón, por un monoteísmo concentrado en el dios sol, Atón.


Tutankhamón y su reinado

No existen datos fidedignos sobre los últimos años de gobierno, ni acerca de la muerte de Amenofis IV. Lo único que se sabe con certeza es que, simplemente, de pronto alguien lo sucedería. Ese alguien sería uno de sus hermanos, que al momento de recibir el poder y el trono llevaba por nombre Tutankhatón.

El primer nombre conocido del futuro faraón fue ese, Tutankhatón, pues era costumbre agregar a la designación dada por los padres, la partícula o terminación «atón», lo cual significaba que el nuevo ser estaba protegido o era hijo divino del dios Atón.

Su nacimiento tuvo lugar en la ciudad de Tebas, aunque se desconoce la fecha exacta de su nacimiento; no obstante, estudios basados en investigaciones realizadas por eminentes egiptólogos, dan como fecha el año 1361 a.C., si se tiene en cuenta que Tutankhatón nació cuando su padre, Amenofis III, iba por su trigésimo sexto año de su reinado, el cual coincide con la fecha ya indicada.


La educación del faraón

La formación de los niños en Egipto comenzaba en aquel tiempo en forma muy temprana, siendo así que se les enseñaba a leer desde los cuatro años. Siendo de este modo, Tutankhatón se consagró a ejercicios de reconocimiento y pronunciación de centenares de signos jeroglíficos con la imagen de todo lo que vivía y cuanto existía. Aprendió las principales palabras como «casa», «rey», «agua», «sol», «dios» y así, luego, todas las demás.

Luego aprendería a hacer concordar los números y los géneros, haciéndose experto en el cálculo mental. A continuación se familiarizó con las palabras de la lengua literaria y con el sistema para transcribir vocablos extranjeros, principalmente los asiáticos.

Más tarde, el pequeño príncipe tuvo el privilegio de utilizar el papiro, derecho denegado a quienes no tuviesen sangre real. Por las tardes, el heredero se entregaba a la educación física, y al ejercicio de la lucha y la natación. Tiempo después, cuando Tutankhamón llegó a los ocho años de edad, y aunque ya su salud era bastante precaria, sus maestros de armas lo llevaron a cazar en el desierto.

Todavía no había terminado su primer ciclo de estudios, cuando tuvo que enfrentarse a la responsabilidad más grande de su vida. Su hermano Amenofis IV, el hereje, había muerto. El trono de los faraones esperaba, pues, un sucesor. Nadie sino él era el indicado. Tutankhatón no había cumplido tan siquiera los diez años.


La ceremonia de entronización

Como en toda ceremonia habría que respetar las tradiciones. Luego de un ayuno ritual y de haber recibido las purificaciones preliminares, Tutankhatón llegó al gran templo de Karnak. Llevaba la cabeza descubierta, el torso desnudo, los pies descalzos, todo él sin adorno alguno.

Lo cubría solamente un faldellín. Iba escoltado por los más altos funcionarios de la corte. Allí se encontraban los principales, pudiéramos llamar «consejeros» o «ministros». En primera fila estaba Horemheb, general escriba del ejército. También se encontraba Ay, lugarteniente adjunto.

La ceremonia se efectuó y, una vez terminadas las ofrendas a los dioses propias del rito, el nuevo rey recibió las numerosas coronas que le permitirían asumir las cargas y cumplir así con los papeles propios de todo un faraón. El príncipe Tutankhatón se convirtió el día de su coronación en el rey del sur y del norte de Egipto, adquiriendo el nombre de Nebjeperura, que significa «El Señor de las Transformaciones es Ra». Así, desde ese momento, Tutankhatón podía ya aparecer como un rey delante de los representantes de todas las clases de su reino.

Llevaba consigo dos cetros tradicionales del gran Osiris: el cayado (un tipo báculo), llamado heka, y el mosqueador (un abanico para espantarse las moscas), llamado nejej, que lo acreditaban como rey de estos dos puntos, el sur y el norte. Portando estos instrumentos o símbolos de poder, sin haber regresado al palacio, el nuevo rey tuvo que aparecer ante su pueblo, de pie, sobre un carro chapeado en oro, donde a los lados de la caja figuraba el emblema con los nombres divinos que recién acababa de recibir.


Reinado y enemigos

Tal y como sucede en todas partes, eso que nunca falta o puede fallar, Tutankhatón tuvo sus enemigos. El principal de ellos muy cerca de él. Se trataba de Horemheb, quien muchos años después ocuparía el trono egipcio, y haría lo imposible por borrar la imagen del faraón ante sus súbditos.

Horemheb había sido nombrado lugarteniente del rey, algo así como Vicepresidente, Primer Ministro o Secretario de Gobierno. Era un hombre que había comenzado su carrera en las armas; pero, siendo astuto por naturaleza, y dotado de sabiduría, inteligencia y persuasión, logró muchas cosas, más por diplomacia que por las armas.

Gozaba de una autoridad indiscutible, casi rayando en lo dictatorial. Más tarde, luego de morir Tutankhamón, este hombre daría mucho que hablar. La corte egipcia murmuraba y le criticaba a diario debido a todos los problemas tanto políticos como sociales que engendró su enorme ambición.


Nuevamente Tutankhamen

A Tutankamen (o Tutankhamón, como usted prefiera), antes de su coronación (apenas tenía nueve años), y para darle un poco de aspecto viril, característico del gobernante de Egipto, se le casó con Anjsenpaatón, princesa real cuya esencia divina había sido confirmada por un casamiento reciente con su padre, el faraón Amenofis IV.

Fue luego de esta unión matrimonial cuando se preparó la coronación del nuevo monarca. Anjsenpaatón fue la tercer hija del faraón hereje y de Nefertiti, esposa, sobrina y cuñada de Tutankhatón. De su primer casorio con su propio padre tuvo una hija: Anjsenpaatón-Tashrey. Su nombre sería cambiado después de la coronación de su segundo esposo y del restablecimiento del culto a Amón, llamándose entonces Anjsenamón.


El gobierno

Después de haber cumplido los quince años de edad, el faraón comenzó a interesarse por la religión y la política. Tutankhatón se hizo famoso, a pesar de su corta edad y de su incipiente capacidad de gobernante, por erigir numerosos templos dedicados al dios Amón.

Fue tanto su amor o desvío por este dios, que cambió su propio nombre, el de Tutankhatón, por el de Tutankhamón. Nombre con el que pasaría a la historia y con el cual hoy le conocemos. Faraón propulsor de los templos de Kawa y Faras en la ciudad de Nubia.

Sin duda alguna lo que más se recuerda de Tutankhamón (o Tutankamen) y de su destacado puesto en Egipto es el hecho de haber restaurado oficialmente el culto de Amón, luego del fracaso de la herejía externada al dios Atón.


Muerte de Tutankhamón

No se sabe a ciencia cierta la causa de su muerte. Lo que se supone es una tara o problema hereditario. El faraón murió muy joven, apenas si tenía dieciocho años. En realidad no pudiera decirse algo distinto. La mayor parte de sus parientes murieron a muy corta edad o padecieron de frecuentes enfermedades.

El mismo Tutankhamón haba sufrido desde niño fuertes e interminables fiebres, así como debilidad bronquial. No hay más datos al respecto. Lo único que se sabe es que, de pronto, inesperadamente, a los dieciocho años, nueve meses después de haber asumido el trono, el joven faraón pasaría a la posteridad.

Durante setenta días, su cuerpo fue tratado; se procedió a embalsamarlo de acuerdo a las costumbres y tradiciones egipcias de aquella época, que tenían mucho de brujería. Según algunas fuentes, el cerebro era extraído por la nariz, después se practicaba una especie de necropsia, se despojaba al cadáver de sus órganos vitales como el hígado, el corazón, los riñones y los intestinos.

A continuación lo forraban totalmente con vendas, empezando con los dedos, luego las manos, posteriormente los brazos, las piernas y finalmente el tronco. La cabeza era rapada totalmente, adornada con todas las insignias del faraón, y después se colocaba encima de ella la diadema que lo identificaba como gobernante de los egipcios.

Así, después de tratado el cuerpo, éste era posteriormente colocado en un ataúd de madera, el mismo que, a su vez, se introducía en otro de oro puro y éste en otro de madera, todo lo cual componía la sepultura del faraón. Luego, cavada la tumba, se construía al lado de ella una habitación que servía para depositar sus riquezas, y otra más para poner ahí las cosas o pertenencias de menor valor o cuantía.

Previamente a lo anterior se hacía de su rostro una máscara de oro puro y otra de la delgada madera, las cuales serían colocadas en el sarcófago, algo así como a título de identificación personal o para que los demás (los de afuera, los vivos), supieran quién había ahí adentro. Así fue como se procedió a la sepultura, en el Valle de los Reyes, de este noble faraón egipcio, tal vez el más importante de la humanidad, y que llevara en vida el nombre deTutankamen.


 Artículo aparecido en el periódico “El Porvenir” de Monterrey, México, el 3 de diciembre de 1990.


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